Mayra Gómez Kemp, la célebre presentadora del “Un, dos, tres”, nos habla de su cáncer bucal

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De la mano del gran Chicho Ibáñez Serrador, Mayra Gómez Kemp reinó en la televisión en una época en la que sólo había un canal y en la que ninguna mujer había presentado nunca un espacio en solitario. El “Un, dos, tres”, el programa de TVE con más audiencia de la historia, llegaba a los hogares españoles para dejar una huella que todavía perdura en la memoria colectiva. Frases como “¡Y hasta aquí puedo leer!”, así se titula el libro de memorias de Mayra de reciente publicación, todavía son usadas por varias generaciones. La presentadora y cantante – tuvo un par de éxitos en los años 70 con el grupo Acuario – se sienta con previaliamagazine para hablar de sus orígenes en Cuba, su experiencia con el cáncer y cómo afronta su día a día. Un, dos, tres… responda otra vez.

Mayra Gómez Kemp también hizo sus pinitos en la música.

Mayra Gómez Kemp: Ya no estoy en primera fila

P: Hay una frase muy significativa al inicio de su libro. “Mis metas han dejado de ser profesionales. El personaje ya no está”. ¿Mayra quiere retirarse de la vida pública?

R: Donde ya no estoy más es en primera fila. Ya estuve ahí, ya lo hice y ahora estoy en otro sitio. Es decir, nadie se retira: te retiran. Pero en caso yo misma lo he decidido. No aspiro a nada, no busco nada. Ahora sólo me interesa mi normalidad, mi tranquilidad y vivir cada día. Pero no me niego si me invitan a un programa que me interese.

P: Lleva su profesión en la sangre. ¿Mayra podría haberse dedicado a otra cosa que no fuera la televisión?

R: Honestamente, creo que no. De pequeña me fascinaba todo lo relacionado con la ciencia-ficción. Cuando los rusos mandaron a la perra Laika al Espacio y la sacrificaron ahí yo lloré por ella durante días, como hoy día hemos llorado por Excalibur. De pequeña decía que yo iba a ser astronauta, pero mis padres sabían que ni hablar (risas).

“El cáncer fue doblemente cruel conmigo”

P: Para una mujer precursora como Usted tampoco parece una meta tan inalcanzable…

R: De hecho fui la primera mujer en el mundo que presentó un concurso. Y el mundo era un feudo masculino. También ha sido el programa de más audiencia en la historia de Televisión Española.

P: Mucha gente desconoce que nació y se crió en La Habana ¿Qué le viene a la cabeza cuando le pregunto por Cuba?

R: Una playa, unas palmeras, un mar muy cálido… Mi niñez, mis perros, mi caballo, una infancia silvestre y la pérdida de todas mis raíces y de todo lo que debería haber sido normalidad en mi vida al tenerme que ir.

“He aprendido a ordenar mis prioridades, a dar la importancia real que tienen las cosas”

P: ¿No tiene curiosidad por volver?

R: No

P: ¿Y si las cosas cambian?

R: Ni aunque cambien.

P: ¿Por qué?

R: Para qué iba a querer ver que la casa que dejaron mis padres está cayéndose a trozos, o que haya otra gente viviendo ahí… No soy masoquista. Esta etapa se acabó. Adiós muy buenas y vamos a la siguiente. Nostalgia ninguna.

P: Se exilió muy joven y ha vivido en muchos países, ¿qué son para Mayra las raíces?

R: Las raíces existen por supuesto. Para mí es la cultura en la que me integro, la gente con la que me comunico, la comida que como y la gente que tengo a mi alrededor, sea quien sea y donde sea. No tienen que ver con la geografía. Yo me considero que pertenezco a la Vía Láctea (risas)

P: Fue una adelantada a las niñas de su edad pero debe a su madre no haber entrado en el mundo del espectáculo desde tan pequeña.

R: Yo me apuntaba a un bombardeo. A mi madre, cuando yo era una niña, le ofrecieron que participara en una telenovela porque como era tan echada para adelante no tenía problema de nada y había hecho ya un programa de televisión benéfico. Pero mi madre dijo “no, en mi casa niñas prodigio, no. Mi hija tiene que ser una niña, tiene que jugar, tiene que ir al colegio y cuando sea mayor que decida lo que quiera hacer, pero ahora tiene que ser niña”.

P: Hoy día, en la televisión, en internet, parece que se fomenta lo contrario. ¿Qué opinión le merecen los niños prodigio?

“No me considero un modelo para nadie. Tan pedante no soy.”

R: Si ellos lo sienten así lo tengo que respetar pero yo no expondría a un hijo de esa manera. Además, he visto alguno de esos programas y las caras de decepción, los llantos cuando les eliminan. Ya van a tener tiempo el resto de su vida de convivir en este mundo tan competitivo, de tener decepciones. No les pongas tan pronto en eso porque no lo viven como un juego. Si fuera un juego, bueno, pero ver a un niño sufrir yo no lo entiendo.

P: Fue todo un referente en el programa más visto de la historia de la televisión ¿Se considera un modelo para otras mujeres?

R: No, por Dios. Yo no soy modelo para nadie. Cómo me vea la gente es un problema de la gente, pero yo no me veo así. Yo he hecho mi trabajo como me lo han ofrecido y como he podido. Si porque yo haya hecho ese trabajo, se ha beneficiado alguien que viene detrás de mí, estoy encantada de la vida, pero no me considero un modelo. Tan pedante no soy (risas).

Mayra Gómez Kemp y el cáncer bucal

P: Cáncer Bucal. ¿Cómo vive el diagnóstico?

mayra-gomez-kemp2R: Yo ni había oído hablar de que existiera un cáncer bucal. Se lo debo a mi dentista. Le dije que tenía una molestia en la lengua y él fue el que me recomendó hacer una biopsia. Mi respuesta fue “¡te estás pasando tres pueblos! ¿Qué biopsia ni biopsia?”. Dijo, “sí, primero vamos a descartar que ahí no haya nada y después ya veremos”. Y claro, cuando veo la palabra ‘carcinoma’ el mundo se me vino abajo en un momento. E inmediatamente reaccioné y mi primer mal trago fue “¿cómo se lo digo a mi marido?

P: Efectivamente, afirma que lo peor de la enfermedad fue tener que contársela a su marido.

R: Así es. ¿Cómo se lo digo a mi marido? ¿Cómo se lo digo a mi hermana? ¿Cómo se lo digo al resto de mi familia? ¿A la gente que me quiere? ¿A mis amigos? Porque nadie sospechaba nada. Nadie sabía que me había hecho la biopsia… nada. Entonces, ese fue el primer trago. Y el segundo, mi desesperación por empezar a luchar, cómo se trata esto, qué es lo que tenemos que hacer y lo más pronto posible.

P: ¿Cómo acepta una persona que ha vivido toda su vida de su voz el hecho de perderla?

R: Para mí fue una enfermedad doblemente cruel. No sólo amenazó mi vida sino también la forma en la que me la ganaba. Lo que pasa es que yo he aprendido, la vida me ha enseñado, que los puentes los cruzas puentes cuando llegas a ellos, no antes. Y me marqué etapas. Mi primera etapa, luchar contra el cáncer, quedar libre de él. La segunda, luchar contra los daños colaterales que me iba a dejar. Ya me lo advirtieron, podría no volver a hablar, podría no hablar correctamente. Tendría que aprender a comer y a tragar otra vez. Como un bebé recién nacido pero sin esa ingenuidad que la naturaleza te da. La operación fue muy invasiva, muy dura. Me quedé meses sin poder hablar.

P: Y además la vivió sola.

R: Yo no quise decir a nadie lo que estaba pasando. Para que los demás me pudieran ayudar a mí, tenía yo que ayudarlos a ellos. Si yo no hacía más que quejarme o decir lo mal que lo estaba pasando, los iba a destrozar y no iban a poder ayudarme. Entonces, mejor que el trago lo pasara yo y no la gente que no podía hacer nada. Y después la segunda etapa: ahora tengo que aprender a hablar otra vez ¿cómo lo hago? Entonces ahí fue empezar con una logopeda, hacer fisioterapia, hacer ejercicios en casa y empezar a recuperar lo que había perdido.

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P: Háblenos del proceso de recuperación. Asegura que un porcentaje muy alto del éxito depende de la actitud del paciente.

mayra_libroR: La medicina no te cura, tu cuerpo se cura. Él. La medicina ayuda a tu cuerpo a curarse él mismo. Y si es tu cuerpo el que se cura, la mente tiene algo que ver. Entonces, la medicina, los médicos, el tratamiento… son el 50% y el otro 50% eres tú. A Teresa Romero, la enferma de Ébola, la ayudaron con las transfusiones, los tratamientos… a que su sistema inmunológico reaccionara contra el Ébola, pero fue ella y su cuerpo quienes se curaron. La medicina por supuesto ayuda. De hecho, muchas veces el cuerpo no podría. Y sobre todo, actitud positiva.

P: Achaca este cáncer al tabaco.

R: Sí.

P: Leyendo su libro, me llama la atención que muchos de los pasajes de su vida han estado, de una forma u otra, relacionados con el tabaco: la fábrica donde leía su abuelo, su primer sueldo en un anuncio Winston, su trabajo de camarera…

R: Exactamente, es una ironía del destino. Pero la culpa es mía por haber fumado. A lo largo se paga. Si no es un cáncer de boca, es uno de pulmón, un enfisema, la presión sanguínea alta, incluso el cáncer de vejiga. El fumar se paga, eso está clarísimo.

P: ¿Cuánto fumaba?

R: Un paquete al día

P: ¿Y cuándo dejó de fumar?

R: Cuando me diagnosticaron la enfermedad. Además fue de un día para otro. Cogí el paquete de tabaco y lo tiré a la basura. Con lo cual, todo el mono del tabaco también lo pasé. Sé lo que es eso. La nicotina es de las sustancias más adictivas que existen, mucho más que la cocaína.

P: Y después llega un segundo cáncer que parece afrontar con más aplomo.

“Cuando alguien con depresión dice que no puede no es que no quiera”

R: Y también con más cabreo, “¿otra vez?”. Pero inmediatamente reaccioné y dije, “qué podemos hacer y cuándo empezamos, ¿ayer?”. Esta vez se decidió ir por radioterapia y quimio por el sitio en el que estaba porque hubiera sido una operación más invasiva que la otra. Mis médicos creen que los dos cánceres surgieron al mismo tiempo pero uno dio la cara y el otro se quedó escondido aunque, por suerte, fue encontrado a tiempo. Simplemente tenía alguna pequeña molestia al tragar, pero molestia, ni dolor ni nada y un médico con mucha empatía, el Dr. Gutiérrez, me dijo: “tú no eres quejica, con lo cual, si tienes una molestia vamos a ver qué es”. Y así lo detectaron.

P: ¿Qué le ha enseñado esta experiencia?

R: Primero, en cuanto a la enfermedad, que no sirve de nada hacer como el avestruz y meter la cabeza. Si tienes algún tipo de molestia, vete al médico y sé pesado. Porque lo normal es que no te duela nada. Si te duele algo, mira a ver de dónde viene. Y lo otro, ya es más personal, he aprendido a ordenar mis prioridades, a dar la importancia real que tienen las cosas.

La depresión es una enfermedad. Hay que tratarla como tal y entender al enfermo

P: Se ha decidido a dar voz también a una enfermedad tan incomprendida como es la Depresión, que padeció su marido. ¿Por qué cree que se silencia más este tipo de patologías que el resto?

R: Porque yo creo que hasta hace muy poco, nuestra sociedad consideraba los temas de enfermedades mentales como tabú, como algo de lo que no se debe hablar, como si fueran personas poseídas por el maligno o algo así. Y no. Es una enfermedad y hay que afrontarla como tal. Hoy en día hay unos fármacos para combatir la depresión que no existían hace 20 años. Pero la persona y su entorno tienen que entender muy bien que es una enfermedad.

P: ¿Qué consejo daría a las familias que se encuentren en una situación como la que vivió Usted con su marido?

R: Lo primero, que busque ayuda. Hoy en día en España hay psicólogos, psiquiatras, hay medicinas, hay fármacos. Al enfermo con depresión hay que entenderlo. Cuando dice “no puedo” es que no puede, no que no quiera. Hay que entenderlo y ayudarlo y sobre todo conseguir ayuda médica. Una vez que se da con los fármacos que lo van ayudar, cosa que al principio no es fácil, no todo sirve para todo el mundo, entonces él podrá ayudarse a sí mismo, antes no.

P: Una apasionada de la comunicación como Usted, ¿utiliza redes sociales?

R: No. Por una sola razón: es el último círculo de mi intimidad que quiero preservar. Si yo, con lo expuesta que estoy, encima me sigo exponiendo en Facebook o Twitter, ya no tendría tiempo para nada.

“Cuanto peor ha sido la crisis, más grande ha sido la corrupción y claro, eso a la gente le cabrea “

P: Demuestra una pasión desmedida por España, más incluso que los propios españoles, con la que está cayendo hoy en día.

R: Probablemente sea porque los hijos adoptados queremos más a los padres que nos adoptaron. Además, yo creo que a veces no puedes ver el bosque por los árboles. En todos los sitios está cayendo. Lo que pasa es que aquí tiene otras variantes. Lo más terrible para mí es cómo está afectado a los jóvenes. Tenemos a una juventud preparada y bien alimentada que, y aquí viene la paradoja, va a ser la primera generación que, en vez de estar mejor que sus padres, va a estar peor.

P: Eso de guardar en épocas de vacas gordas aquí no se lleva.

R: Yo creo que se ha vivido como nuevos ricos. Y lo más sangrante es que cuanto peor ha sido la crisis, más grande ha sido la corrupción, y claro, eso a la gente le cabrea profundamente como es normal. Nos han incitado a que seamos consumidores, nos endeudemos… y mientras tanto, los que tenían más dinero, amasaban más dinero, y los demás se llevaban lo que era de todos. De hecho no entiendo cómo la gente no se ha endeudado más y antes. 40 años de Dictadura pesan mucho, y estamos pidiendo a esta última generación, que es la que ha vivido en Democracia, que tenga la sabiduría de países que llevan 250 años siendo demócratas. Y no les podemos cargar todo. Teníamos que haber reaccionado antes otros. Pero claro, hace 40 años estábamos muy metidos en salir de una Dictadura y crear una democracia. El problema es que esa democracia que conseguimos tenía vicios anteriores. De esos polvos estos lodos.

P: Usted es de las pocas que ha hablado públicamente de la precariedad en el mundo del espectáculo.

R: Hay gente que lo está pasando muy mal. Si Ustedes creen que los sueldos han bajado, no les puedo decir en la Comunicación. Se paga mal, el pastel publicitario se ha dividido totalmente entre todos los medios de comunicación. Hay que hacer programas de radio, televisión, etc. con muy poco dinero. Este es un negocio en el que hoy estás aquí y mañana no se acuerdan de ti. Es muy muy duro. Y habrá quién piensa en el pelotazo de vender dos exclusivas, pero es que eso es pan para hoy y hambre para mañana. Para mí el éxito está en que 20 años después tú puedas decir “sigo aquí, he hecho esto, esto y lo otro.”

P: Vive en el centro de la ciudad, viaja en transporte público… Es una famosa atípica.

R: En mi vida siempre he aspirado a ser un ser humano normal. Y lo normal es que la gente vaya a la compra – cosa que yo disfruto muchísimo, sobre todo cuando consigo esto más barato que aquello (risas) -. Y voy en transporte público porque en Madrid el tráfico es una locura, no tienes dónde aparcar, los taxis son caros y con el metro te cruzas la ciudad en nada.

P: ¿Le paran mucho por la calle?

R: Sí, pero me paran con mucho cariño, me preguntan cómo estoy, cómo me siento. Me dicen cosas muy bonitas. Se acercan con mucho, mucho respeto. Yo, a quien se acerque con respeto y educación, siempre le atenderé. Para mí es una satisfacción y además enormemente inesperada. Siempre pensé que cuando pasaran dos años sin salir en televisión se iban a olvidar completamente de mí.

P: Asegura ser una “cocinillas”. ¿Podría recomendarnos un plato sencillo de hacer, barato y sano?

R: Venga. Yo le llamo mi “Gazpacho ilustrado”. Me encantan las ensaladas y los gazpachos, pero de toda la vida, no por dieta. Preparo uno en casa que es casi una comida, porque aparte de los ingredientes básicos del gazpacho (el tomate, el pepino, cebolleta…) yo le pongo pimiento rojo, que es más dulzón, un poquito de ajo, le hecho un poco de comino y, además, le añado un huevo duro y una lata de atún del que viene en agua. Cuando está todo bien molido, lo sirvo con trocitos de pan y huevo duro por encima y aceituna negra cortada en rodajas. Está buenísimo y es una comida completa porque tienes la proteína, las verduras, el carbohidrato y hasta el pan. (risas).

P: ¿El libro de cocina para cuándo?

R: Ya me lo ha pedido la editorial pero prefiero esperar a ver cómo funciona éste.

P: Un, dos, tres responda otra vez, cosas que le gustaría hacer ahora que se ha “retirado” de la vida pública.

R:Quiero ponerme al día, con muchos libros que me quedan por leer. Después de mi enfermedad me costaba mucho concentrarme en la lectura, metida como estaba de una prueba a otra… Ahora ya hace una semana me dieron los últimos resultados de las pruebas y ya me dijeron que ahora la ITV, como yo la llamo, la tengo que hacer cada seis meses, no cada tres, con lo cual puedo tomarme ya un respiro. Al cine voy, pero quiero ir más de lo que he estado yendo. Quiero viajar, pero ya tenemos que buscar sitios donde sea fácil llegar, donde no haya que caminar mucho, donde podamos ir tranquilos. Ya estoy planificando el próximo.

P: Y para finalizar, una curiosidad personal, ¿cómo ha conseguido perder el acento?

R:En realidad nunca lo tuve mucho. Piensa que de niña hablaba en inglés con mi mamá. Mi papá era un hombre muy culto, pero que también hablaba inglés. Mi abuela era española. Mis tías –sus hijas- todas hablaban con la “c” y la “z”. Es más, mi abuela no hablaba español, hablaba cervantino, porque ella no decía “talón”, decía “carcañal” y no decía “el fondo de un vaso” si no “el culo de un vaso”, y “la marcha atrás de un coche” era “recula” (risas).

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