La industria del azúcar pagó a científicos para culpar solo a las grasas de las enfermedades cardiacas

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industria del azúcar

La industria del azúcar pagó a científicos para que ocultaran el papel que juega el azúcar en las enfermedades coronarias.

El objetivo fue poner el foco de atención en las grasas y el colesterol dejando así margen de maniobra a las azucareras.

Medios tan importantes como el New York Times o Stat se han hecho eco de la noticia.

Raro es el mes en la que no tengamos un nuevo informe sobre nutrición que arroje luz sobre el efecto de los distintos nutrientes en nuestra salud. Tampoco es extraño que los resultados de esos estudios supongan una revolución y sirvan – eso pretenden, al menos – para desterrar algunas creencias que creíamos inalterables. ¿Cuántas noticias sobre los beneficios de un consumo moderado de alcohol hemos tenido que leer hasta que, casi de la nada, aparece un ensayo que afirma que no solo no es beneficioso sino que resulta perjudicial? ¿Tuvieron algo que ver en esas primeras publicaciones las empresas vitivinicolas?

El informe que escondía que el azúcar está relacionado con las enfermedades del corazón

Esta semana, la revista de la Asociación Americana de Medicina ha publicado los resultados de una investigación con los que quedaría demostrado que la industria azucarera pagó el equivalente a 50.000$ actuales a científicos durante los años 50 y 60 para ocultar la importancia del azúcar en las enfermedades cardiacas y dejar que la grasa y el colesterol fuesen los máximos protagonistas.

Una investigadora de la Universidad de San Francisco, Cristin Kearns, encontró unos documentos que incluyen correspondencia entre la Fundación para la Investigación sobre el Azúcar y el Departamento de Nutrición de Harvard. En algunas misivas también aparece Roger Adams, presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. En ellas queda patente el interés de la Fundación en ‘ocultar’ el relevante papel que juegan los azúcares en la salud cardiovascular.

Las conversaciones de esas cartas giran en torno a un estudio cuyos resultados se publicarían en 1967. John Hickson, directivo de una empresa azucarera, pretendía ocultar las evidencias que ya entonces se estaban empezando a vislumbrar de una relación directa entre el azúcar añadido y las enfermedades coronarias. “Una vez lo hayamos hecho [ocultar la información] podremos publicar el informe y rebatir a nuestros detractores” es tan solo una de las frases que aparecen en los documentos hallados por Kearns. Los responsables del dossier ‘maquillado’ responden: “Somos conscientes del interés que tiene en esto y lo resolveremos de la mejor manera posible“.

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La importancia de este descubrimiento

Menospreciar la importancia de esta correspondencia es un error. Quizá esta jugada, junto con otras prácticas no precisamente éticas que ha venido desarrollando la industria alimenticia, ha sido la que ha llevado, durante casi 5 décadas, a pasar por alto a los azúcares cuando se trataba de analizar las causas de las enfermedades coronarias, la obesidad y la diabetes de tipo 2. De hecho, en los años 50 Estados Unidos sufrió unos índices muy elevados de mortalidad por enfermedades del corazón que motivó un análisis de la dieta para intentar localizar la causa y, más importante aún, encontrar una solución.

Guía de la Alimentación Norteamericana

Analizando los resultados de ese análisis surgieron dos principales líneas de investigación. La primera, liderada por John Yudkin identificaba a los azúcares añadidos como el principal culpable de esa alta tasa de muertes por enfermedades coronarias. La segunda, encabezada por Ancel Keys, culpaba a las grasas saturadas y al colesterol.

En la primera Guía para la Alimentación Estadounidense, publicación que sirve para facilitar a los estadounidenses modelos de alimentación sana, de 1980, todos los avisos y advertencias se centraban en las grasas, colesterol y grasas saturadas. Apenas se mencionaban los azúcares añadidos. ¿Casualidad?

Como resultado de esta recomendación, la población redujo al máximo el consumo de grasas saturadas y se lanzó, lógicamente, a los productos light con azúcares añadidos que han causado el enorme problema de salud al que no enfrentamos hoy en día.

¿Un caso aislado?

industria azucarera

El año pasado, y también en el New York Times, se publicó que Coca-Cola había invertido dinero para ‘convencer’ a determinados científicos de que promulgasen un mensaje: para mantener un peso saludable bastaba con hacer ejercicio y había que olvidarse de las calorías.

Según, Steven N. Blair, vicepresidente de Coca-Cola “la mayor parte la prensa científica y de los medios se centran en ‘oh, están comiendo mucho’, culpando a la comida basura y a las bebidas azucaradas y realmente no hay ninguna evidencia científica de que sean culpables de los altos índices de obesidad“.

¿Nos tenemos que fiar entonces de este tipo de informes?

Sí, pero tenemos que ser muy cuidadosos y acudir siempre a la fuente original donde podremos ver quién está sufragando económicamente el estudio en cuestión. La investigación que ocultó la importancia de los azúcares añadidos fue publicada en 1967 y en aquella época no era obligatorio que los científicos incluyesen información sobre quién la había financiado. El Diario de Medicina de Nueva Ingleterra, en el que apareció el ensayo, no obligó a mostrar las fuentes de financiación hasta mediados de los años 80.

Este caso no solo sirve para explicar la razón por la que los azúcares añadidos apenas han sido tenidos en cuenta en las recomendaciones para una dieta sana hasta no hace mucho sino también para alertar sobre la influencia de una industria alimentaria que antepone sus beneficios a la salud de los consumidores.

Necesitamos una actitud más crítica

La importancia de este hallazgo debería servir para forzar a la sociedad a investigar las fuentes de cualquier artículo relacionado con la salud que se publique. Hoy en día, internet nos brinda el acceso, click a click, a la fuente original y esto nos permite tener una actitud más crítica. ¿Artículos en los que se alaban los efectos saludables de la cerveza? Comprobemos primero quién ha puesto el dinero para esa investigación.

Ni los científicos que aceptaron el dinero ni los ejecutivos que lo pagaron están vivos pero la obesidad sigue siendo un auténtica pandemia a nivel mundial y, sobre todo, en Estados Unidos. Uno de los científicos que obvió la importancia de los azúcares, Mark Hegsted llegó a ser Director de Nutrición del Departamento de Agricultura de Estados Unidos que se encargó del borrador de la Guía de Alimentación del Gobierno Federal. Otro fue el Dr. Frederick J. Stare, Presidente del Departamento de Nutrición de Harvard.

 

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