Hipersensibilidad electromagnética: Qué es y por qué no existe

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hipersensibilidad electromagnética

Aunque la OMS no reconoce la hipersensibilidad electromagnética, también denominada electrosensibilidad, como enfermedad, un 10% de la población mundial alega ser extremadamente sensible a las radiaciones que emiten los teléfonos y las antenas de telefonía móvil

Los afectados alegan que para poder vivir sin síntomas tienen que aislarse de las ondas de los móviles, wifi y determinados electrodomésticos

Varios tribunales han concedido la invalidez a personas afectadas a pesar de los estudios que niegan su existencia

En estos últimos meses no han sido pocas las noticias relacionadas con la hipersensibilidad electromagnética que han aparecido en los medios. La que más polémica ha levantado es la decisión de un tribunal de Toulouse de reconocer una pensión de 800€ al mes a una afectada por esta enfermedad, también denominada electrohipersensibilidad, que la Organización Mundial de la Salud no reconoce como tal. Previamente, otro tribunal en Suecia ya había reconocido la hipersensibilidad electromagnética como motivo de baja laboral y en julio del 2011, el Juzgado de lo Social de Madrid concedió a una trabajadora de la Universidad Complutense la invalidez permanente y absoluta por esta causa.

Rizando el rizo, a principio de verano salió a la luz una petición que registró el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea en el Parlamento de la UE haciendo referencia a la desprotección que sufren los niños antes las redes wifi de los colegios.

Qué es la hipersensibilidad electromagnética o electrosensibilidad

La hipersensibilidad electromagnética consiste en el padecimiento de una gran variedad de síntomas causados por la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad como antenas de telefonía, líneas de alta tensión, wifi, móviles, vitrocerámicas, etc. Los afectados afirman que cada vez que están cerca de uno de estos dispositivos sufren cefaleas, dificultad para dormir, fatiga, mareos, arritmia, pérdida de memoria y así hasta un sinfín de males.

Si la OMS ha dicho que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud” y que “tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes“, ¿por qué los medios y los tribunales siguen apoyando su existencia?

La realidad de los afectados: el nocebo

Los datos hablan por sí solos. En el año 2005, una revisión de 31 estudios que apoyaban la existencia de la hipersensibilidad electromagnética demostró que 24 de ellos no habían encontrado evidencia alguna y que 3 sufrían de fallos estadísticos graves. ¿Quiere esto decir que los afectados mienten? Ni mucho menos. Todo es cuestión del nocebo.
Si el placebo es una sustancia que, careciendo de cualquier contenido farmacológico, es capaz de provocar un efecto positivo a ciertos individuos enfermos siempre y cuando estos crean que están tomando un medicamento, el nocebo es todo lo contrario. Así, personas perfectamente sanas experimentan malestar cuando son expuestos a sustancias, en este caso ondas electromagnéticas, que ellos creen perjudiciales. Algo parecido a cuando te hablan de pulgas o piojos e inmediatamente te empieza a picar todo el cuerpo. En el caso de la hipersensibilidad electromagnética, el asunto es mucho más grave ya que los pacientes realmente experimentan esos síntomas y resulta realmente complicado encontrar un lugar seguro sin este tipo de ondas. Estamos hablando de un espacio libre de móviles, antenas de telefonía móvil, wifi y muchos electrodomésticos. Difícil, ¿verdad?

Pero ni siquiera el nocebo consigue explicar completamente este fenómeno. La teoría más plausible tiende a establecer la causa de la hipersensibilidad electromágnetica en un efecto nocebo elevado a la máxima potencia mezclado con algunos trastornos motivados por ansiedad. A partir de esta afirmación cabría cuestionarse por qué alegar un trastorno de ansiedad sigue siendo más estigmatizante que defender la existencia de un mal que ni la comunidad científica ha podido demostrar.

Algunas instituciones fomentan el error

Mientras tanto, las sentencias que hemos enumerado anteriormente, la propuesta presentada en Europa y la rocambolesca, por decir algo, decisión del Ayuntamiento de Vitoria, aprobada por unanimidad, de limitar los espacios públicos con wifi donde haya niños para proteger la salud de estos no hacen sino fomentar la creencia errónea de que los campos electromagnéticos de baja intensidad son perjudiciales para la salud.

La OMS, por otro lado, sigue estudiando el asunto y el próximo año realizará “ una evaluación formal de los riesgos a partir de todos los resultados de salud estudiados en relación con campos de radiofrecuencias“.

 

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